Superman se crió en La Mancha. O no.

Verano.
Días inciertos en los que las carteleras patrias se inundan de súper heroes que destrozan las taquillas. ¡Pues hagamos una de algún héroe con nombre terminado en «man» y a disfrutar de las mieles del éxito!

La pena es que en España no sabemos hacer ese tipo de películas. Sí, ya sé, ya sé; aquí tenemos técnicos más que cualificados, actores capaces de soberbias interpretaciones, nos sobra talento y todo eso. Lo sé. Pero no sabemos hacer esas películas. Esto es así.
Tal vez sea por nuestra particular idiosincrasia, tal vez por lo ajustado de los presupuestos (la excusa perfecta, también lo sé), pero la cuestión es que el día que aquí a algún compañero le dé por hacer un Spiderman, bueno un Hombre Araña, que para los títulos también tenemos nuestro corazoncito, ese día, estalla el cine en carcajadas desde el primer fotograma hasta el final. Y eso en el hipotético e improbable caso de que se estrenase en más de treinta salas y fuese alguien a verlo.
Ayer leí que hay por ahí un proyecto para llevar el cómic de Superlópez, del dibujante Jan, al cine. Bueno, en ese caso es posible que arrase en taquilla pues el personaje va más en consonancia con la idea de lo que supone ser español, pero vamos, que esto es lo que hay. O lo tomamos a risa y curtimos la historia con una buena dosis de caspa, o el Batman de Albacete se hunde en los abismos del ostracismo, junto al valiente que lo dirija, de por vida.

Sin embargo, existen otra clase de relatos que contamos muy bien, ¿tal vez por cercanía? Y esas otras historias son comedias o cine histórico.
Las primeras llevan funcionando desde finales del siglo XIX, nos gusta reírnos de nuestros congéneres y toda comedia esconde un drama tremendo para quien lo vive; por eso nos gusta: que se jodan los otros.
En cuanto al cine histórico siempre me ha llamado la atención el hecho de que no es precisamente barato (lo que elimina la teoría de que el éxito es solamente una cuestión económica), pero amigos, sea por lo que sea eso se nos da de maravilla, ¡siempre que no mezclemos con súper héroes, como el Capitán Trueno y demás! Esto es tan cierto que hasta los odiadores del cine español, imbéciles que tratan el asunto como si fuese un género en sí mismo, pues hasta esos, reconocen que se nos da bien. De hecho, ¡lo hacemos incluso mejor que los de fuera! Y si no que le pregunten a Terry Gillian y su Don Quijote o a Menno Meyjes con el infumable Manolete que perpetró hace pocos años.

Sea por una u otra razón, estos días me he liado la manta a la cabeza y ando pergeñando una historia basada en unos terribles hechos reales que, si Dios quiere, espero llevar a cabo antes de que acabe el año, producida por MYSTICAL FILMS. Ya os contaré.

Terry Gillian, al borde del infarto en España.

Terry Gillian, al borde del infarto en España.

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