Hasta siempre, José Luis.

Le conocí en 1994, el mismo día que a Fernando Fernán Gómez. Ambos genios. Don José Luis era un ser absolutamente educado, sin azucar, eso sí, pero compartir un rato con esta leyenda viva del cine era motivo más que suficiente para estar agradecido. Se ha marchado. Para siempre. Qué tristeza, maldita sea.